Me rehuso a la risa pero la negación de esta misma es irremediable.
¿Quién soy yo para pedirle cuentas?
Me aburre la gente que me habla y luego ya no, ¿de que van?
Todavía el alcohol de mi sangre está irrigándome dentro y que aun pienso en lo alucinante que sería estar en Masai Mara como tanto anhelo desde los 10 años.
Estamos cocidos a punta de hilo y aguja, estoy a una micra de irme al abismo, me encanta sufrirme, me encanta.